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Descripción

Luis Fayad

La carta del futuro

eBook

La carta del futuro, no sólo representa una conciencia decantada del oficio narrativo del autor, sino una reformulación de sus referentes predilectos; Luis Fayad desafía criterios canónicos de los géneros narrativos al decidirse por la “nouvelle“, en tanto forma fronteriza entre la novela y el cuento, opción narrativa que le permite determinadas ampliaciones espacio-temporales, sin debilitar la contundencia expresiva o la concentración semántica. La carta del futuro explora la relación dialéctica ciudad-campo, con el objeto de representar los complejos procesos culturales que le son inherentes, los cuales incluyen convivencia asimétrica de lenguajes, contraposición de discursos, reconocimiento de diferencias y elaboración de imaginarios, que continuamente recrean la ciudad, con sedimentos del ámbito rural y viceversa. La estructura narrativa de La carta del futuro, comunica a Bogotá y al entorno rural mediante el clásico motivo literario de las cartas; las veintiséis secuencias que la constituyen, se articulan a partir de una concentración episódica que, alternada con esquemas retrospectivos, enmarca el motivo central de la nouvelle.

 

Información adicional

Autor

Luis Fayad

Editorial

Aurora Boreal®

Formato

eBook disponible en archivo pdf

Género

Nouvelle

Idioma

Español

Páginas

51

Año

2017

ISBN

978-87-970038-3-1

3 valoraciones en La carta del futuro – Descarga digital

  1. 5 de 5

    Dentro de la trayectoria narrativa de Luis Fayad, La carta del futuro, relato largo publicado en 1993 por la editorial de la Universidad de Antioquia, y reeditado ahora por Arango Editores, no sólo representa una conciencia decantada del oficio narrativo del autor, sino una reformulación de sus referentes predilectos; Luis Fayad, después de afinar la elaboración de efectos concentrados, característica del relato clásico -Una lección de la vida-, y de transitar por la órbita acumulativa de elementos, característica de la novela -Los parientes de Ester o Compañeros de viaje-, desafía criterios canónicos de los géneros narrativos al decidirse por la “nouvelle“, en tanto forma fronteriza entre la novela y el cuento, opción narrativa que le permite determinadas ampliaciones espacio-temporales, sin debilitar la contundencia expresiva o la concentración semántica.
    Más que focalizar el acelerado movimiento urbano de Bogotá, como sucede en muchos de los cuentos y en las novelas de Luis Fayad, en La carta del futuro se explora la relación dialéctica ciudad-campo, con el objeto de representar los complejos procesos culturales que le son inherentes, los cuales incluyen convivencia asimétrica de lenguajes, contraposición de discursos, reconocimiento de diferencias y elaboración de imaginarios, que continuamente recrean la ciudad, con sedimentos del ámbito rural y viceversa.
    La estructura narrativa de La carta del futuro, comunica a Bogotá y al entorno rural mediante el clásico motivo literario de las cartas; las veintiséis secuencias que la constituyen, se articulan a partir de una concentración episódica que, alternada con esquemas retrospectivos, enmarca el motivo central de la nouvelle: la carta con mensaje adicional que Acacia desde el campo, envía a su hermana Inmaculada, establecida en Bogotá como empleada doméstica; de manera significativa, la primera secuencia es continuación ampliada de la última, y el narrador se cuida de precisar la temporalidad de cada una de ellas, para reiterar los elementos definidores de la realidad representada: la despedida de madre e hijas en la vereda, cuando éstas se marchan a la capital; el trayecto en mula con el padre; la llegada a la estación de buses del pueblo; el lento aprendizaje de lectoescritura de Acacia y su inquebrantable deseo de viajar a Bogotá, expresado en las cartas que envía desde la vereda. A su vez, el efecto de rapidez percibido por el lector, se refuerza por el uso de un lenguaje austero, diálogos funcionales y economía en la distribución de referentes.
    Las cartas que escribe y lee Acacia, tienden puentes entre oralidad rural y conciencia citadina de escritura, quizá como una manera de percibir bordes poco conocidos del proceso de modernización de Bogotá. En efecto, mientras Inmaculada y Julia en la capital, y sus familias en la vereda, oyen y verbalizan la ciudad, Doña Graciela y la señora Morelos la escriben, al tiempo que leen la pronvincia. En este sentido, Acacia representa la transición entre una y otra cultura, porque sabe leer y escribir, competencias que todos mitifican y desean para sí, pues en su práctica radica la posibilidad de aumentar el conocimiento y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, el poder de la letra escrita no desplaza el valor de la oralidad provinciana; precisamente por mediación de la señora Morelos, Inmaculada recuerda la vereda y verbaliza los paseos al río, los juegos con sus hermanos, las faenas de recolección o la compra de víveres en la tienda del pueblo; al escucharla, Julia siente que su lenguaje ha perdido fuerza, desea que Inmaculada permanezca en Bogotá y reemplaza el desconocimiento que la ciudad tiene del campo, recurriendo a un discurso oral, cuya fuerza reconstructiva fascina a los niños citadinos.
    En fin, la firme decisión de viajar a Bogotá que estimula las acciones de Acacia, se enmarca dentro de una relación armónica ciudad-campo; la primera está focalizada desde los vínculos familiares en un barrio amable de la capital, donde el campesino es bien recibido y se valora su identidad; el segundo, se idealiza al poblarlo de habitantes dispuestos, primorosamente vestidos, ingenuos, prudentes y poseedores de un lenguaje auténtico. Esta coexistencia parece constituirse en mediación simbólica de la asimetría cultural que Luis Fayad percibe en la modernización de Bogotá, y puede también leerse, como forma de compensación ante la ausencia de un discurso urbano, capaz de asumir de manera positiva la persistencia de subculturas campesinas al interior de los tejidos sociales.

  2. 5 de 5

    Luis Fayad es autor de una escritura que se empeña en no ser ruidosa, que se mantiene alejada de todo exhibicionismo técnico, que muestra y sugiere más que dice; tales virtudes, anunciadas ya en sus cuentos iniciales, se hicieron visibles en su novela Los parientes de Ester. Ahora la conforma este relato sobrio e intenso, que cuenta de situaciones duras (la servidumbre, el desarrraigo) y cuyos personajes son tratados y retratados con amoroso respeto, como prójimos y semejantes. Artefactos también, desde luego, estas historias se adivinan escritas y reescritas, siempre con contenida emoción, por alguien que trabaja el lenguaje con empeño de poeta.

  3. 5 de 5

    Luis Fayad (Bogotá 1945) ocupa un lugar especial entre los escritores colombianos contemporáneos. Pertenece al grupo de los que alcanzaron su madurez durante las últimas décadas del siglo XX, y esto equivale a decir, quienes recibieron su formación durante el tránsito del país rural al urbano y, en el desarrollo de sus vidas, fueron testigos de las violencias sucesivas: la partidista, primero; la guerrillera, luego, y por último la de los narcotraficantes y paramilitares. Ante sus ojos el humilde país campesino se fue convirtiendo en la cosa híbrida que es hoy, mezcla de complejos, rapiñas y posibilidades.
    Pertenece también al grupo de los escritores de la diáspora, es decir, de los que han podido contemplar este transcurso con la distancia crítica suficiente para pensarlo con objetividad. No obstante, su obra se ha mantenido fiel al escenario del país del que un día partió para Europa, lo cual significa que ha tenido la lucidez suficiente para entender que un escritor tiene sentido sólo en su raíz primordial. Así, ha escrito su obra desde la distancia física, pero en la lealtad del espíritu de pertenencia e identidad.
    Su estilo es el de los grandes escritores de la humanidad, sereno y sencillo. Pareciera que siempre está buscando la forma más discreta de decir cada cosa. El arte entendido como esencia significativa en el paso de los contenidos por los tres planos de la existencia: cuerpo, mente y espíritu.
    Tal vez su obra más leída haya sido Los parientes de Ester, un fresco bogotano que hace recordar La muerte de Iván Illich de Tolstoi, por la forma en que se desenvuelve el drama de la existencia humana, a partir de la muerte de un personaje aparentemente anodino e intrascendente; pero que por la riqueza de los detalles elementales de la cotidianidad en relación con las pasiones, amor, odio, ambición, mezquindad… revela las sorpresas de dicha condición.
    La carta del futuro es una obra maestra. Breve, sencilla y plena de resonancias significativas y hermosamente sensibles. Narra la fábula de las niñas campesinas que, sin haber cumplido el ciclo mínimo de crecimiento y formación, emigran de las veredas boyacenses a la capital para ubicarse allí como empleadas del servicio doméstico. Sin ningún aspaviento ideológico, se ocupa de un caso particular: el viaje y la instalación de Inmaculada en casa de la señora Morelos. Pero ésta no es la verdadera esencia del relato, sino su escenario; el corazón del engranaje se encuentra cifrado en una frase que nos niega en primera instancia a los lectores y que después deja tirada en el texto de la carta. Se trata de una promesa que Acacia, hermana de Inmaculada, único miembro de la familia que podía leer, o por lo menos garrapatear la lectura y escritura de la correspondencia con la capital, deja cifrada en medio del mensaje familiar: “Pronto, te lo juro, me reuniré contigo“. Las implicaciones de esta sentencia en el alma de los personajes, principalmente de Acacia de un lado y de la familia de otro, comportan el vigor del drama narrativo que nos plantea, su magisterio consiste en que este asunto fundamental está por fuera de lo narrado, es decir, nos queda a los lectores para pensarlo. Obviamente el magisterio del relato también se manifiesta en la secreta complejidad que encadena los acontecimientos narrativos, sin peripecias dramáticas ni pruritos de exhibición verbal. El narrador impasible deja caer con serena naturalidad, sin mencionarlo siquiera, cómo el dolor del padre se manifiesta en un simple hecho: “…y el padre cabalgó de regreso entrecerrando los ojos más de lo que lo obligaba el viento…”. Parecería una frase trivial, pero comporta toda la carga significativa que entraña el desarraigo, entrega de los hijos a su propio destino.

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